Entrevista a Don Fausto,amigo de todos los trabajadores de la sede del SNTISSSTE

"Don Fausto", amigo de todos los trabajadores de la sede del SNTISSSTE

*De lunes a viernes, desde muy temprano comienza asear el calzado

*Orgulloso de que las personas reconozcan su trabajo, a veces los mismos clientes dan más de lo que les cobra

Fausto, como se le conoce de cariño, es el aseador de zapatos de la sede nacional del CEN del SNTISSSTE, nació en La Noria, Sinaloa en el año de 1935 y este 6 de septiembre cumple 81 años de vida.

Aprendió el oficio al desempeñarse como Policía Industrial, lo domino de manera autodidacta y por medio de la práctica. Cuenta cómo su falta de salud, fue intervenido quirúrgicamente de una prostatectomia, lo cual hizo que recurriera a ser boleador de calzado.

Desde hace 15 años tiene su registro de la Unión de Aseadores, por ser agremiado paga una cuota al mes de quince pesos, es decir 180 pesos anuales. Lo que permite establecerse en un lugar público, que se ubica en la calle de Ayuntamiento, para mayor referencia es casi en la entrada de la Comercial  Mexicana de Fuentes Brotantes, delegación Tlalpan.

En promedio de cinco a diez minutos, Don Fausto, hace que tus zapatos o botas brillen como el oro y huelan incluso mejor que cuando eran nuevos. Mientras lustra tu calzado puedes disfrutar de una amena charla o en su caso conocer un poco más acerca de la vida fascinante y llena de anécdotas por contar.

Con la voz quebrantada y la mirada triste, Don Fausto recuerda como su madre de nombre  Petra,  quien era muy bella de ojos claros, cabello largo, alta y delgada, antes de morir se despidió de él con un fuerte y tierno abrazo. Y le dijo “ahora si ya me voy, te doy mi bendición y un beso”. Ante el panorama desolado, desde muy pequeño, quedó huérfano de padres.

Bolea y platica. Estando en Oaxaca, quedé en custodia con un padrino, que se llamaba Modesto  trabajé en una cantina lavando vasos, donde recibí maltratos y hasta golpes. Lo que me alegraba era escuchar el danzón Cuando canta el cornetín, disfrutaba tanto que se me olvidaba todo.

Luego, relata Don Fausto, me alejé de esa situación porque no me sentía libre. Más tarde conozco a Angelina Torres García, de 35 años, en un lugar donde se vendía comida, entonces ella me ofreció su casa y decido irme con ella. Estuve en la escuela nocturna, donde aprendí a leer y a conocer los números.

En el estado de Sonora, a los 16 años de edad me reclutan para integrarme como soldado en el XVI Batallón de Infantería. El general de ese entonces Guillermo Mendoza Vallejo me propuso un ascenso, el cual no acepte porque me sentía incompetente, era de mecánico de primera.

Entonces le solicité que me apoyara para irme a las Islas Marías, porque representaba más salario, que en ese momento era de 14 pesos, lo que se traducía en una ganancia del 50 por ciento. Él accedió a mi petición y llegué a la Casa del Penal Federal Islas Marías, situada frente a las costas de Nayarit.

Allí cuidaba a los colonos (presos) y desafortunadamente por órdenes superiores nos relevaron. Llego a  Mocorito, Sinaloa como soldado razo, y como el batallón estaba completo deciden enviarme a Guadalajara al IV Batallón.

En San Pedro Tlaquepaque me desempeñé como caballerango, montaba y amanzaba caballos broncos. Describe que fueron momentos de angustia y temor pero al final logró dominar a los hermosos caballos que utilizaban para las carreras. En ese tiempo estaba de moda el General Humberto Mariles Cortés, deportista mexicano de equitación.

Don Fausto, con entusiasmo, dice: fui seleccionado para jinetear los caballos durante las carreras, debido a que enfermé por las continuas caídas, no pude aceptar tal encomienda. Entonces viajé al Hospital Central Militar de la Ciudad de México.

Posteriormente, entré a trabajar en la Policía Bancaria e Industrial, localizada en Tlanepantla. Cuidaba una fábrica de materiales de aislantes que se usan en la construcción para la protección de la obra arquitectónica, de sus envolventes; logrando así, disminuir los peligros de incendio. De hecho, agrega Don Fausto, recuerdo que esta técnica la emplearon en la edificación del Hotel de México.

Tuvo una relación con María Ramírez, con ella procreó dos hijos. Eugenio, quien en este noviembre próximo cumple ocho años de fallecido y José, él tiene en la actualidad 40 años de edad.

¿Don Fausto, y cómo llega aquí a la sede?

Un día me encontraba en mi sillón de bolero, en la calle de Ayuntamiento y pasó un compañero del Sindicato y me dijo…allá necesitamos a alguien como usted, por qué no va.

Platiqué con el doctor José Olivares Sánchez, quien era Oficial Mayor y desde entonces me siento como si estuviera en mi último refugio, como en mi segundo hogar y con mi familia. Todas y todos me tratan con respeto y amabilidad, lo que me hace sentir muy feliz.

El doctor José Luis Rodríguez Camacho es una persona muy fina y sus conversaciones siempre tan interesantes. Con alegría, añade, me regaló un cajón para mis franelas, cepillos y grasas…Ahora el licenciado Luis Miguel Victoria Ranfla, es tan amable y atento que solamente viene a mi mente dos palabras: agradecimiento enorme. Me encuentro halagado y honrado cuando boleo sus zapatos.

Con lágrimas en sus ojos, Don Fausto, se despide y reitera: “soy muy sentimental, al enterarme de que alguien del Sindicato se encuentra enfermo o fallece algún familiar de los compañeros de inmediato mando decir una misa. Todos los domingos asisto a La Catedral y mis oraciones son por los  trabajadores”.